DE PROCRASTINACION, INMEDIATEZ Y OTRAS COSAS
Conoce una reflexión profunda sobre la inmediatez, la procrastinacion y la pérdida de la paciencia en la era digital, a partir del artículo De procrastinación, inmediatez y otras cosas, donde se analiza cómo la recompensa instantánea distorsiona nuestras expectativas y motivación.
REFLEXIONES
1/2/20268 min leer


Quienes medianamente me han seguido, en cualquiera de los espacios en los que comparto contenido, habrán notado casi inevitablemente que existe un tema al cual regreso con frecuencia: la inmediatez. Y no es por casualidad.
Es un tema neurálgico presente en todo momento en todas nuestras vidas. Solo que hoy lo quiero abordar desde otra perspectiva.
YO CULPABLE
A pesar de haber criticado tanto la era de la inmediatez, sus consecuencias y a quienes caen victimas de ella, pues hace no poco me ha comenzado a rondar en la cabeza un pensamiento: yo soy una víctima también. Pero antes de continuar, creo que debo explicar (una vez más y con mucho gusto) en que consiste la llamada “Era de la inmediatez”.
La era de la inmediatez no es más que un fenómeno generacional, que me atrevería a decir comenzó hace unos 10 años, pero que en este último año (2025) ha llegado a niveles insólitos.
Consiste en que las personas simplemente han perdido por completo la capacidad de esperar. De tener paciencia. Pues el advenimiento de la Internet, las redes sociales y muy especialmente las IA (inteligencias artificiales) han desatado verdadera oleada de “aceleración de las actividades”: personas que jamás en su vida fueron capaces de escribir más allá de un párrafo, hoy en algunos minutos pueden tener su propio libro publicado y a la venta en Amazon o el portal web de su preferencia. Es más, esa misma persona que jamás escribió, puede CREAR UN SITIO WEB en minutos, desde el cual promocionar y vender su libro. Aun si jamás aprendió a programar ni a construir un sitio web.Así de violentas son las cosas ahora.
Esa misma persona, quien solo usaba la red social Instagram para divertirse, ahora puede automatizar los mensajes a los seguidores que le escribe, enlazar a una guía digital (obviamente también creada con IA) y venderla sin literalmente mover un dedo.
Pero vayamos un tanto mas allá, pues todo esto se ha revelado ante mi como si de una profecía se tratara: ¿Es que acaso nosotros mismos (y por nosotros me refiero a la generación X) no fuimos también vistos como “inmediatistas” por nuestros abuelos?
Imaginen por un instante a mi abuelo, nacido en San Fernando de Apure (estado Apure, Venezuela) en 1914. Era muy poco probable que existiera el alumbrado público y mucho menos aun electricidad en las casas, tal y como la conocemos hoy en día. Eso de tener una nevera con alimentos fríos, interruptores para encender la luz por toda la casa, y enchufes para conectar cosas (¿Conectar que?) eran algo desconocido. No fue sino hasta los años 1930 cuando apareció la radio (mi abuelo era un adolescente de 16 años) y ni hablar de la televisión, que irrumpió por la década de los 50.
Al nacer nuestros padres (años 40) ya todo lo mencionado era relativamente común: neveras, radios, bombilla eléctrica, teléfono, etc. Entonces mis abuelos podrían perfectamente haberles dicho a mis padres cosas como “!Tu no tienes ni idea de lo difícil que eran las cosas cuando yo era niño! Cuando yo tenía tu edad, había que alumbrarse con lámparas de querosén y para enterarnos de las noticias, debíamos esperar a que llegara la prensa”. Es decir, mis padres vivieron en cierta forma su propia época de la inmediatez.
Yo crecí en casa donde había teléfono, radio, televisión, computadora, video juegos, fax, fotocopiadoras, proyectores super 8, Betamax, VHS. Vi la llegada de la televisión a color, los CD, la internet y los celulares.
Pero era una “inmediatez moderada” si se quiere. Por ejemplo, había que esperar al día de la semana (y hora) para ver nuestro programa favorito en la televisión. Televisión por cierto que tenía hora de inicio y hora de fin cada día. La cartelera de cine se renovaba cada semana o cada 15 días, y las películas se veían EN EL CINE, a determinados horarios. Si te gustaba una banda musical, pues debías ir a la disco tienda a ver si ya tenían el disco o casette para comprarlo. O si eras mas valiente, intentabas grabar tus canciones favoritas directamente desde la radio (REC + PLAY) cruzando los dedos para que el locutor no te dañara la operación.
Eran tiempos en que el comprador iba a la tienda, y no al revés. En cierta forma estábamos obligados a esperar… Y eso nos forjaba una de las virtudes mas preciadas: LA PACIENCIA.
Según William Bennett, autor de “EL LIBRO DE LAS VIRTUDES” en 1993, la paciencia es presentada como la capacidad de gobernar los impulsos, especialmente:
La ira
La frustración
El deseo de resultados inmediatos
Y es justamente allí donde radica el problema de los tiempos que se viven. Porque es ese tercer punto, el deseo de los resultados inmediatos, el cual al no satisfacerse, desencadena los otros dos: ira y frustración.
Es aquí donde yo mismo me declaro culpable, ya que he sido atrapado en la vorágine de la recompensa instantánea. Si no recibo las vistas esperadas (en cantidad y en tiempo) al subir un video, pues automáticamente me siento desmotivado a seguir subiendo videos al canal. Experimento frustración, tristeza y una sensación de “estar perdiendo mi tiempo”.
He perdido totalmente la perspectiva. ¿Saben lo monumentalmente difícil que era para un mortal común, poder lograr que otras personas te vieran en la televisión? Debías ante todo, ser un profesional de la actuación (drama, comedia, terror, etc.) o ser un locutor/presentador. Ese era apenas el primer filtro. Luego debías ser descubierto por algún cazador de talentos de las plantas de televisión, o en el mejor de los casos, tener algún contacto. Y luego de ese par de obstáculos (que no eran poca cosa) debías ajustarte a los horarios de grabación y distribución del programa, sobre los cuales uno no tenía ningún tipo de control ni decisión.
Hoy puedo desde la comodidad de mi cama, sin la necesidad de desplazarme a un estudio de grabación, ni de tener costosos equipos de grabación edición y transmisión, crear un breve (o largo según me provoque) metraje del tema de mi preferencia, y ponerlo a disposición (gracias a las plataformas existentes) no de audiencias locales o regionales, sino MUNDIALES. Y aun así me siento “triste” si tan solo fue visto por 900 personas. Definitivamente las perspectivas se han ido al traste. Hoy, si no eres “viral” y en pocos minutos tu producción no alcanza millones de visualizaciones, sientes que tu trabajo no vale.
Curiosamente ha pasado algo similar con el dinero: cuando éramos niños hablábamos de millonarios como algo espectacular. Quien lograra tener un millón de dólares, era simplemente un Dios. Ahora se ha normalizado tanto el tema de las mega fortunas (ya no hablamos de millones sino de billones y hasta trillones) que cuando leemos que tal actor o cantante, tiene una “fortuna” de 7 millones de dólares, lo percibimos como un pelabolas (termino usado en Venezuela para las personas con poco dinero).
¿Alguna vez se han preguntado cuanto cuesta acumular un millón de dólares? ¿O cuanto podría cambiar tu vida si tienes un millón de dólares? En Estados Unidos (la tierra de las oportunidades) el ingreso anual promedio de 2025, se situó en menos de 64.000$. Lo que significa que una persona debería ahorrar TODO su salario durante 15 años, para lograr ahorrar un millón de dólares. Sin embargo, alguien que tenga fortunas de 4 o 5 millones de dólares, nos parece insignificante.
Caso similar me ha sucedido con la publicación de mi primer libro (Una vida en 5 años) el cual publiqué en 2022. Y gracias al bajo nivel de ventas, mi motivación para continuar escribiendo y publicar la secuela, se vio totalmente apagada. Al punto de haber abandonado la misma desde hace más de un año.
Es como si Queen, U2, Led Zeppelin o los mismos Beatles, hubieran desistido en sus proyectos porque su primer disco no fue un éxito ni los lanzó al estrellato. De igual forma cuando Al Pacino, Samuel L. Jackson o Harrison Ford iniciaron sus carreras cinematográficas, debieron esperar varios años (y varios films) para alcanzar el estatus de estrellas.
Esto es el deber ser: todo lo que realmente vale la pena toma esfuerzo sostenido, de años. Las cosas no “explotan” de un día para otro (salvo muy contadas excepciones). El gran problema es que redes como Instagram, Tiktok, Facebook, Youtube, etc. nos han acondicionado para no saber esperar, para perder la paciencia y esperar los resultados en tiempo record.
“Hazte millonario en 6 meses”, “Revela tus abdominales en 3 semanas”, “Construye un negocio online que genere 6 cifras en 3 meses”, “Pierde 15 kilos en 2 semanas”, y así podría seguir con infinitos ejemplos.
MI SOLUCION
Algo que podría ayudar a las personas a contrarrestar este mal del siglo 21, es aprender un par de oficios que obligatoriamente nos enseñan el arte de la paciencia. El primero es la panadería.
Pocas cosas son tan satisfactorias cuando son bien hechas como un buen pan. Y si hay algo que por mas que queramos acelerar (incluso con maquinarias industriales creadas para tal fin) requiere de unos tiempos mínimos, es la fermentación (o levado) de la masa. Cuando se trabaja a nivel casero o artesanal, estamos hablando de varias horas (en algunos casos entre 3 y 4) para tener listo un pan de calidad. Esto forja el carácter y nos enseña a respetar los tiempos de espera.
La otra cosa que nos ayuda a aprender el arte de la paciencia es la siembra. Sembrar plantas bien sean ornamentales, o para de algún producto de consumo humano es algo que es imposible de acelerar. Hay que esperar a que de la semilla brote la plántula, luego la raíz y eventualmente comiencen a aparecer las hojas. Son procesos que en el mejor de los casos nos tomaran semanas.
Yo puedo decir con orgullo que he practicado ambas: soy panadero aficionado, especialmente en la época decembrina donde hago múltiples panes de jamón tanto para la venta como para el consumo interno.
En cuanto a la siembra, tuve la oportunidad a lo largo de todo el año 2014 de sembrar productos como: pimentón, cilantro, perejil, ají chirel y otras más. Eso me enseñó a esperar.
¿HACIA DONDE VA ESTA CARRERA FRENETICA?
Solo 2 cosas puedo decir al respecto. La primera es que no se a ciencia cierta hacia donde terminará llevándonos esta creación masificada de todo: de libros, de empresas, de canales, de películas, de sitios web, de agencias de marketing, de cuerpos perfectos, etc. La segunda es que tengo la certeza de que esto no acabará bien. No es sostenible el ritmo ni desde el punto de vista financiero (y en esto no me quiero extender porque no es el tema de mi artículo, pero investiguen cuánto cuesta mantener funcionando los bancos de servidores que alimentan las IA, y la economía que se esta gestando alrededor de ellas), sino especialmente desde el punto de vista mental y emocional.
Los niveles de ansiedad (en mi opinión sin fundamento real) que están experimentando principalmente las generaciones mas jóvenes, pero también otras generaciones (como la mía) no pueden sino conllevar a estados de frustración, de falta de empatía, de desconexión con la realidad.
Nos toca a nosotros, la generación X, quienes somos quizás la última generación que logró conocer “lo mejor de ambos mundos” ser los guías, los guardianes de la sanidad mental de unos niños que están creciendo hoy sin posibilidad de discernir si el video de Michael Jackson bailando en un restaurante de cadena rápida de pollo frito es real. O si Donald Trump en efecto le besó los pies a Elon Musk.
Las IA deberían traer etiquetas similares a las de las bebidas alcohólicas “Consúmase con moderación. Su uso en exceso podría ocasionar problemas de salud”.
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